Te odio por no estar aquí, cuando más te necesito. Tengo demasiadas ganas de llorar para poder mirarte a los ojos y pedirte que me abraces, que no te vayas nunca. Porque te necesito, porque sin ti no sé vivir.
Solo sé que ayer me hiciste tan feliz, y ahora estoy viendo una y otra vez esas fotos en las que la abrazas a ella. Desearía ser yo a la que estrechas entre tus brazos, a la que miras con esos ojos de enamorado en este día tan horrible. Es horrible porque deseo que ella no existiera, que nunca hubiera nacido. Porque la odio por tener todo aquello con lo que yo solo puedo soñar.
Nunca me ha gustado este día. Solo recuerdo con especial cariño aquel en el que sentí que me querías, como un inocente amor de niños que para mí lo era todo. Y hoy, seis años después, estoy aquí de nuevo, soñando contigo. Como ese príncipe al que espero en lo alto de la torre, un hermoso príncipe que se parece demasiado a ti, montado en un corcel, que viene a salvarme y me lleva en sus brazos hasta el cielo.
Porque tú eres el responsable de las lágrimas que caen en la almohada cuando despierto y recuerdo que todo ha sido un sueño, y que nunca será realidad.